jueves, 3 de septiembre de 2015

Rendirse, es el estado de fluidez y flexibilidad propicio para la aceptación de una realidad, en oposición a la rigidez o resistencia impermeable.


La realidad decodificada por nuestros sentidos, simplemente “es y sucede”, y el oponernos a esa manifestación de lo que esta “siendo”, tan solo porque no se acomoda a nuestras expectativas, es lo que sustenta la estructura del sufrimiento. De modo que como enunciaba Víctor Frankl (el gran psicólogo y pensador sobreviviente a un campo de exterminio nazi)…  

Cuando no podemos cambiar una situación, el desafío es cambiarnos a nosotros mismos”.

No es la resignación con carácter inmutable, es la observación sostenida en la conciencia de ACEPTACIÓN de los sucesos y estados que nuestra alma contempla impasible y eterna, confiada en los ritmos fugaces y las formas cambiantes que nos va presentando el universo dentro de los vaivenes inteligentes de la creación. Y desde ahí, como testigos entregados a lo que “está ocurriendo”, es cuando podemos empezar a transmutar la situación, porque la cuestión no es lo que sucede, sino como nos enfrentamos a ello.

La psique humana tiene el poder de disolver el dolor, un secreto bien guardado por los alquimistas y faquires orientales, a imitación del agua, que vence los obstáculos acomodándose a ellos, adaptándose, moldeándose flexiblemente, sin rigidez, cediendo a las “formas transitorias” que se le presentan. Al igual, todos nuestros sucesos “transitan”.


La energía se mueve, busca fluir siguiendo la línea de menor resistencia, y en esa circulación de nuestra energía psico-emocional, es precisamente la resistencia, el obstáculo que recrea el sufrimiento. Es la misma negación de lo que nos duele lo que reafirma y nos estanca en la vibración del dolor.

El gran secreto consiste en ceder o dejarse a lo que sucede, observando y focalizando toda la atención neutral en ello, sin juzgar, pues esa conciencia sostenida sin la mente critica, lo absorberá y disolverá, como lo hace la luz con la oscuridad.  Paradójicamente, sumergirse totalmente en la experiencia de dolor, abrazándolo y sintiéndolo (sin intelecto), en conciencia de la sensación, es la formula. “El dolor, en el dolor se disuelve, ya que el dolor y el esfuerzo por separarse de él, son lo mismo”decían los alquimistas.

Y, esa formula una vez aplicada, consecuentemente transita el lugar en donde nos plantemos: ¿qué me permite aprender esto?, lo cual, irrevocablemente nos lleva a una antigua y eterna conclusión: no hay mal que por bien no venga”… y esa es la victoria de lo que llamamos rendición o aceptación.

Leonardo Díaz Araujo

1 comentarios:

  1. Agradezco todos los aportes que publicas en diferentes páginas....es muy cierto., si no puedes cambiar una situación cambio yo, como dijo Víctor Frankl.

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