viernes, 31 de julio de 2015

Un principio alquímico que hoy corrobora la mecánica cuántica asegura que:

“Allí donde se dirige la ATENCIÓN también 
se dirige la ENERGÍA

Todos desempeñamos algún rol o estrategia de conducta para obtener la atención de los demás y así beneficiarnos de su energía.
Pero el gran “chupoctero” y verdadero “vampiro” de la energía vital ajena es el que desempeña ininterrumpidamente, de forma crónica, el papel de VICTIMA o POBRE DE MI.

Estos individuos absorben implacablemente nuestra atención y por lo tanto nuestra energía desde la táctica inconsciente del hacernos sentir, también inconscientemente, compasivos, empáticos y hasta culpables frente a ellos.
Percibimos, desde nuestro oído abierto, sus quejas, lamentos y llantos, sintiendo como baja nuestra vibración al mismo tiempo que el depredador energético se va nutriendo de nuestra energía vital.
Estos profesionales del victimismo, en muchos casos, son conscientes de encontrarse en circunstancias óptimas para un cambio hacia una vida más plena, pero prefieren, incondicionalmente, la vibración de la incomodidad, agresividad, neurosis, del malestar, el dolor y el sufrimiento.
¿Por qué?... Pues porque en realidad sólo son víctimas de una ADICCIÓN a un programa conductual que les asegura una sobrevivencia a través de la energía del prójimo y a costa de su propia salud.

El sufrimiento realza químicamente la sensación de existencia, de euforia, de protagonismo y de yoidad (intervienen sustancias tales como: dopamina, adrenalina, cortisol, serotonina, oxitocina, y otros neuropéptidos).
Lamentablemente, estas personas desconocen estas mismas sensaciones, desde su propia energía en plenitud y armonía.
La posibilidad de soluciones para estas personas se hace difícil dado el carácter adictivo de este tipo de comportamiento.
La “necesidad” y la “repetición” de acciones imprimen cada vez con más intensidad el patrón de “compulsión repetitiva”. Así, los adictos al sufrimiento no pueden soportar la falta de conflicto en sus vínculos y por ende tienden a sabotearlos (sistema de recompensa mesolímbico).



Su tratamiento terapéutico requiere de una rápida extirpación del coagulo de emociones traumáticas reprimidas y también de la reprogramación hacia la obtención de la energía vital por sus propios medios.

De no ser así, como en toda adicción, la substancia requerida irá en aumento, como también la dosis de la energía del prójimo. Así, su actitud larvaria, desembarcará en neurosis compulsiva, agresividad desenfrenada y en enfermedad, que más tarde o más temprano, se manifestará en el cuerpo.

Estas personas disponen de una capacidad extraordinaria de sabotaje para la felicidad y suelen tomar cartas en el asunto cuando han tocado fondo, como en cualquier otra adicción.
Lejos de otras adicciones, la ADICCIÓN AL SUFRIMIENTO se destaca en cantidad de individuos que la padecen.
                                                                                                 

Leonardo Díaz Araujo 

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